
Un poco de vanidad cunde mucho.

En la vida todos somos fisgones.
Nos metemos en los asuntos de los demás, transformando sus problemas en una forma de entretenimiento personal y básicamente escamoteándoles sus propias tragedias. Devoramos los detalles más horribles en íntimos con la ferocidad con que los polluelos picotean su comida, sin que salvo en raras ocasiones unamos los desafortunados puntos que revelan la imagen completa en toda su inmensa y triste realidad.
Ni Mucho Menos Más Sabia
Estado crítico.
Del mismo modo que nos vuelve ciegos a las imperfecciones de los demás, el amor magnifica también las que detectamos en nosotros mismos. Pero si esto es cierto, entonces también lo contario ha de ser verdad. Podemos consolarnos pensando que nuestras faltas serán invisibles para quienes nos aman. El éxito o el fracaso de toda relación no depende sólo de lo que uno siente por el otro, sino de lo que uno hace que el otro sienta por uno mismo.
Yo contra yo

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